27/03/2026 – Incremento se trasladará a las tarifas de transporte de carga, aumentando costos logísticos y precios finales
El alza de los combustibles que comenzará a regir este jueves 26 de marzo marcará un punto de inflexión para la logística chilena. El incremento responde a una combinación de factores: por un lado, un shock internacional en el precio del petróleo vinculado a la crisis geopolítica en Medio Oriente; por otro, el ajuste por parte del gobierno encabezado por el presidente José Antonio Kast del Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (MEPCO), bajo el argumento de la incapacidad del fisco para solventar el sistema. En términos concretos, se trata de una convergencia entre mayores precios externos del crudo y una menor contención vía subsidios estatales.

El impacto es particularmente significativo en el diésel, principal insumo del transporte terrestre de carga, cuyo precio subiría cerca de CLP 580 por litro, pasando desde niveles en torno a CLP 930-940 hasta aproximadamente CLP 1.500-1.550 por litro. Este incremento incluso lo acerca a los valores de las gasolinas, generando una convergencia inédita entre ambos combustibles.
Cabe destacar que el transporte de carga terrestre es el eje central de la logística en Chile. Con un 98% de la carga total del país movilizada por camión, el aumento del diésel se traduce directamente en mayores costos operativos. Desde el sector advierten que estos incrementos no podrán ser absorbidos. “Este aumento del diésel es imposible de absorber por el sector, por lo que necesariamente se va a traspasar a tarifas”, afirmó Sergio Pérez, presidente de la Confederación Nacional del Transporte de Carga. En la misma línea, Juan Araya, presidente de la Confederación Nacional de Dueños de Camiones, enfatizó que “el diésel es nuestro principal costo, por lo tanto, esto impacta a toda la cadena logística”.
Con el traspaso del incremento de los costos a las tarifas, empresas de distribución, centros de abastecimiento y productores enfrentarán un aumento en sus estructuras de costos que, según estimaciones del sector, podría traducirse en incrementos de hasta 25% en el costo logístico total. En un país donde estos costos ya representan entre un 8% y un 12% del valor del producto —por sobre el promedio de la OCDE cercano al 9%—, el impacto del alza de combustible resulta especialmente sensible debido a la baja diversificación modal.
Eso sin dejar de mencionar que ejercerá una alta presión sobre la inflación. “Esto es un golpe directo al transporte y va a terminar encareciendo todos los productos”, reconoció Juan Araya.
En el frente de las operaciones portuarias y marítimas, si bien éstas no se ven afectadas directamente en su funcionamiento interno, sí recibirán el impacto a través del sistema que las alimenta. El encarecimiento del transporte terrestre presionará servicios asociados como almacenaje, distribución y retiro de carga, lo que puede derivar en ajustes tarifarios y menores niveles de fluidez en los despachos. En posibles escenarios de tensión con el sector camionero, incluso podrían generarse retrasos adicionales en el flujo de bienes desde los puertos.
En este contexto, es esperable que el comercio exterior de Chile enfrente una presión significativa. El aumento de los costos logísticos elevará naturalmente el costo total de exportar e importar, reduciendo márgenes para los exportadores y debilitando la competitividad frente a otros países. La dependencia del camión amplifica este efecto, en contraste con economías que cuentan con mayor participación de ferrocarril o hidrovías.
Comparativa con otros países de la región
La comparación regional del precio del diésel refuerza este diagnóstico. Antes del alza, Chile registraba un valor cercano a US$1,05 por litro, pero tras el ajuste se ubicaría en torno a US$1,60–1,65. Con ello, el país pasaría a integrar el grupo de los más caros de la región, de acuerdo con los datos de marzo de GlobalPetrolPrices, junto a Uruguay (~US$1,40 – 1,70), superando incluso a Argentina (~US$1,20 – 1,30).
En contraste, mercados como Brasil (~US$1,00), Colombia (~US$0,77) o Perú (~US$1,10) presentan niveles más bajos, mientras que economías con subsidios o producción petrolera —como Ecuador (~US$0,71), Bolivia (~US$0,55 – 0,60) o Venezuela (~US$0,01–0,05)— se sitúan muy por debajo.
De este modo, tras el alza, Chile escala al grupo de los países con diésel más caro de la región, superando ampliamente a competidores logísticos directos. Este cambio no solo encarece la operación interna, sino que reduce la capacidad del país para competir como plataforma logística en Sudamérica, en un escenario internacional ya tensionado por disrupciones y altos costos energéticos.
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